Santa Teresa de Ávila

Hoy celebramos la fiesta de Santa Teresa de Ávila, Doctora de la Iglesia. Nació en 1515 en Ávila, España. Sus padres fueron Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila y Ahumada, y tuvo once hermanos.

Desde los 9 años tuvo la oportunidad de leer sobre la vida de varios mártires que la inspiraron. A pesar de la oposición de su padre, a los 18 años ingresó al Carmelo.

Teresa era una mujer de oración, compasiva, y de disciplina. Sufrió enfermedades graves dos veces, las cuales continuamente transformaron su vida interior, entregándose a Dios y viviendo experiencias de fenómenos místicos que ella describe en sus libros: “El camino de la perfección”, “Pensamientos sobre el amor de Dios” y “El castillo interior”. Sus libros y escritos han ayudado a generaciones de creyentes.

A pesar de su sufrimiento y enfermedad, continuó su lucha por reformarse ella misma y también a la Orden Carmelita. Fundó el convento de San José de Ávila, que sería el primero de quince Carmelos en España. Ella introdujo la gran reforma carmelitana junto con la ayuda de San Juan de la Cruz (quien reformó la rama masculina de su Orden). Ella reformó la Orden Carmelita para servir y defender a la Santa Iglesia Católica y estaba dispuesta a dar su vida por la Iglesia.

En Santa Teresa tenemos un ejemplo de admirar y seguir. Fue una verdadera maestra de la vida cristiana, nos enseña a buscar esa relación profunda con Dios.

Nada te turbe,

Nada te espante,

Todo se pasa,

Dios no se muda,

La paciencia

Todo lo alcanza;

Quien a Dios tiene

Nada le falta:

Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,

al cielo sube,

por nada te acongojes,

Nada te turbe.

A Jesucristo sigue

con pecho grande,

y, venga lo que venga,

Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?

Es gloria vana;

nada tiene de estable,

Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,

que siempre dura;

fiel y rico en promesas,

Dios no se muda.

Ámala cual merece

Bondad inmensa;

pero no hay amor fino

Sin la paciencia.

Confianza y fe viva

mantenga el alma,

que quien cree y espera

Todo lo alcanza.

Del infierno acosado

aunque se viere,

burlará sus furores

Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,

cruces, desgracias;

siendo Dios su tesoro,

Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;

id, dichas vanas,

aunque todo lo pierda,

Sólo Dios basta.

Santa Teresa de Ávila ruega por nosotros.

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